El análisis de 243 genomas inéditos de 31 yacimientos peninsulares muestra la llegada de población del norte de África y del Mediterráneo y, más tarde, del centro y norte de Europa, sin sustituir a los hispanorromanos.
La composición genética de la población de la Península Ibérica cambió de forma profunda entre los siglos II y VIII. Así lo concluye un estudio internacional en el que participa la Universidad de Granada (UGR), que ha analizado 243 genomas humanos inéditos procedentes de 31 yacimientos arqueológicos peninsulares. Los resultados se han publicado en la revista Cell.
Del Estrecho a las élites germánicas
Entre los siglos II y IV, según detalla la UGR, la península recibió una llegada importante de personas del norte de África y del Mediterráneo oriental, lo que aumentó su diversidad genética. En los siglos V a VIII fueron las migraciones germánicas las que introdujeron componentes genéticos del centro y norte de Europa. Los datos indican que estos movimientos no supusieron una sustitución generalizada de los habitantes: se mantuvo una continuidad genética importante entre las poblaciones hispanorromanas y las comunidades posteriores.
El estudio compara ese impacto con el de otras regiones europeas. Mientras que en Gran Bretaña las migraciones anglosajonas supusieron un reemplazo poblacional de hasta el 75%, en Hispania la llegada de grupos germánicos representó entre el 12% y el 22%, según la región y el contexto social.
Dos hermanos a 725 kilómetros
La investigación documenta el caso de parentesco más distante identificado hasta ahora por la arqueogenética: dos hermanos biológicos, un hombre y una mujer adultos, enterrados a unos 725 kilómetros de distancia. Él fue sepultado en la necrópolis de Los Blanes, en Mérida, y ella en Hostalot-Ildum (Vilanova d’Alcolea, Castellón), junto a la Vía Augusta. En ambos yacimientos aparecieron pasadores de oro de tradición póntico-danubiana, asociados a las élites germánicas y centroeuropeas.
Nueve mujeres de Colomera
La aportación granadina se centra en la necrópolis de Cortijo del Chopo, en Colomera. A partir de restos conservados en el Museo Arqueológico y Etnológico de Granada, los investigadores obtuvieron información genética de nueve individuos, todos ellos mujeres, y reconstruyeron vínculos familiares con tres generaciones consecutivas de una misma línea de parentesco. Salvo una de ellas, joven y con ancestralidad mixta, el resto muestra una marcada continuidad hispanorromana.
En Mérida se analizaron 30 individuos de época romana, sueva y postsueva. Destaca el ADN de tres mujeres jóvenes entre las nueve enterradas con ajuares de oro y plata de tradición póntico-danubiana, vinculadas a los acontecimientos políticos de la expansión sueva y visigoda del siglo V.
Quién firma el trabajo
El estudio está codirigido por la Universidad del País Vasco, el Institut de Biologia Evolutiva de Barcelona, la Universidad de Harvard y el Instituto Max Planck. Por parte de la UGR participan Juan Manuel Jiménez Arenas, Macarena Bustamante Álvarez y Elena Vallejo Casas, del Departamento de Prehistoria y Arqueología.