Un ensayo de la Universidad de Granada con 187 adultos con obesidad concluye que combinar ayuno intermitente y ejercicio supervisado durante 12 semanas reduce más el peso y la grasa corporal que los cuidados habituales, aunque los efectos no se mantienen un año después.
Combinar ayuno intermitente con ejercicio supervisado ayuda a perder más peso y grasa corporal que seguir solo los cuidados habituales. Lo concluye un ensayo liderado por el Instituto Mixto Universitario Deporte y Salud (iMUDS) de la Universidad de Granada, en colaboración con el Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada (ibs.GRANADA) y el Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER), dentro del proyecto TEMPUS. El trabajo se ha publicado en Nature Communications.
Cómo se hizo el estudio
En el ensayo participaron 187 personas adultas con obesidad, aproximadamente la mitad mujeres. Se repartieron al azar en cuatro grupos: cuidados habituales, ayuno intermitente, ejercicio supervisado y ayuno combinado con ejercicio. Durante 12 semanas, todos recibieron educación sobre dieta mediterránea y actividad física. Quienes practicaron ayuno concentraron sus comidas en un periodo de ocho horas al día, y los grupos de ejercicio siguieron un programa supervisado que mezcló entrenamiento de fuerza y ejercicio aeróbico de alta intensidad.
Qué cambió y qué no
La grasa del hígado, medida con resonancia magnética, bajó en los cuatro grupos, pero sin diferencias significativas entre las intervenciones y los cuidados habituales. Donde sí hubo diferencias fue en el peso: quienes ayunaron, con o sin ejercicio, perdieron de media unos 2,2 kilos más que el grupo de cuidados habituales. La combinación de ayuno y ejercicio también produjo una mayor pérdida de grasa corporal que los cuidados habituales y que el ejercicio solo. Los dos grupos que entrenaron mejoraron su capacidad cardiorrespiratoria, un marcador de salud cardiovascular.
Entre quienes tenían hígado graso al inicio, alrededor del 30% de los que combinaron ayuno y ejercicio dejó de cumplir el criterio para diagnosticar esta condición, frente al 6,5% del grupo de cuidados habituales.
Los beneficios no se mantuvieron al año
Un año después de terminar el programa no se encontraron diferencias entre grupos en la grasa hepática, y tampoco se detectaron las diferencias en peso y composición corporal vistas al acabar las 12 semanas. Según los investigadores, esto sugiere que hacen falta intervenciones más largas y estrategias que ayuden a mantener los beneficios, sobre todo en personas con niveles elevados de grasa en el hígado.
Diferencias entre hombres y mujeres
El trabajo también examinó la respuesta según el sexo. Entre los hombres, la combinación de ayuno y ejercicio redujo más la grasa hepática que los cuidados habituales, una diferencia que no se detectó entre las mujeres. La coautora principal Alba Camacho Cardeñosa, investigadora posdoctoral del ibs.GRANADA, advierte de que «por ahora, estos análisis no permiten concluir por sí solos que la intervención funcione de manera diferente según el sexo».
El coautor principal Antonio Clavero Jimeno, investigador predoctoral de la UGR, señala que «estos resultados permiten valorar los efectos de las intervenciones más allá del peso, teniendo en cuenta también los cambios en los depósitos de grasa en el hígado, así como la grasa corporal total y la condición física».
Quién participa
El estudio lo lidera el grupo de investigación PROFITH CTS-977 del iMUDS, con la colaboración del ibs.GRANADA, el Hospital Universitario Clínico San Cecilio, el Hospital Universitario Virgen de las Nieves, el CIBER de Obesidad (CIBEROBN) y el CIBER de Fragilidad y Envejecimiento Saludable (CIBERFES). Forma parte de la tesis doctoral de Clavero Jimeno y está financiado por MICIU/AEI y por FEDER, UE.